En 2006, una mujer vendió su casa de 353.000 euros a su yerno por 240.000: le prometieron poder quedarse de por vida, pero a los años la echaron y los jueces le dan la razón a él
Un tribunal de Oregón concluye que una promesa de palabra no vale frente a lo que se firmó en la escritura

V ender la casa a un familiar suele parecer la opción más segura cuando llegan los apuros económicos. Se confía en la palabra dada, se evitan intermediarios y se da por hecho que nada cambiará. Pero un caso que acaba de resolver un tribunal de Estados Unidos demuestra hasta qué punto esa confianza puede salir cara cuando lo prometido no queda por escrito.
Una venta a precio de saldo
La protagonista es Kathleen Edwards , vecina de Oregón . En 2005 , su marido ingresó en prisión y ella se quedó sola con una hipoteca de unos 270.000 dólares que no podía asumir. Tras barajar alternativas como alquilar habitaciones, su hija animó a su marido, Scott Short , a comprar la vivienda.
En 2006, Short y su hermano adquirieron la casa por 270.000 dólares , lo que quedaba de hipoteca, aunque estaba valorada en unos 398.000 dólares . Edwards asegura que su yerno le prometió que se haría cargo de todo y que ella podría vivir allí “hasta que muera” o hasta que decidiera marcharse. Short lo niega: admite que la dejó vivir sin pagar alquiler, pero dice que lo hizo para evitar conflictos familiares. En enero de 2020, unos 14 años después , Short le pidió que abandonara la casa . Ella se negó y él la llevó a los tribunales.
Lo que cuenta es lo que se firma
En primera instancia, un juez dio la razón a Edwards : consideró probado el acuerdo verbal y ordenó modificar la escritura para reconocer su derecho a vivir en la casa de por vida.
Sin embargo, el Tribunal de Apelaciones de Oregón ha revocado esa decisión. Los jueces recuerdan que los documentos de la venta transmitían toda la propiedad sin ninguna excepción y que el contrato se declaraba el acuerdo completo y definitivo entre las partes. Una promesa de palabra anterior, concluyen, no puede contradecir lo firmado, y un derecho de usufructo vitalicio es demasiado importante para quedarse fuera de una escritura. El caso vuelve al tribunal inferior.







