Los expertos coinciden en el orden correcto para ducharse: recomiendan empezar por esta zona
Organizar los pasos bajo el agua no es solo una cuestión de higiene básica, sino un gesto clave para cuidar la salud de la piel y optimizar el lavado

La rutina diaria de higiene parece un acto automático que realizamos casi sin pensar al levantarnos o antes de ir a dormir. Abrir la grifería, regular la temperatura y aplicarse gel o champú forman parte del hábito cotidiano de millones de personas. Sin embargo, según se hace eco la emisora Cadena 100 , los especialistas en cuidado dermatológico advierten de que la secuencia exacta que seguimos bajo el agua puede marcar una gran diferencia en el estado final de nuestra salud cutánea.
El orden para ducharse: de la cabeza a los pies para un aclarado perfecto
La directriz fundamental compartida por los profesionales de la piel es estructurar la limpieza en un sentido estrictamente descendente , comenzando siempre por la zona más alta del cuerpo: la cabeza . Si la jornada incluye lavarse el pelo, el cuero cabelludo debe ser sin excepción alguna el primer paso de la sesión. Se aconseja masajear la raíz para que el producto penetre adecuadamente y dejarlo actuar unos momentos antes de proceder al aclarado. De igual forma, al aplicar el acondicionador o la mascarilla, se puede aprovechar su tiempo de reposo necesario para continuar enjabonando el resto de la anatomía.
Esta metodología de arriba hacia abajo tiene una razón de ser puramente lógica, higiénica y preventiva. Si lavamos primero el torso y las extremidades antes del cabello, los restos de champú, suavizantes, grasas y células muertas arrastrados desde la zona capilar volverán a depositarse sobre la piel que ya estaba limpia. Dichos residuos químicos pueden obstruir los poros o provocar molestas irritaciones.
Siguiendo esta pauta, el tronco, los brazos y las extremidades inferiores se limpian a continuación, dejando deliberadamente los pies para el tramo final. Al situarse en la base, los pies reciben de forma natural el flujo constante de agua y jabón de las zonas superiores, culminando la ducha con un frotado profundo que garantiza una piel sana, limpia y protegida.







