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La forma de ducharse influye más de lo que parece en la factura: los gestos que pueden reducir hasta un 50% el consumo

Reducir el tiempo bajo el agua, instalar una alcachofa eficiente y cerrar el grifo al enjabonarse son medidas sencillas que pueden recortar entre un 30 y un 50% el consumo mensual

Javier Fernández Borrell717 palabras

Ducharse es uno de esos hábitos cotidianos a los que apenas prestamos atención cuando pensamos en la factura energética. Sin embargo, calentar el agua requiere una cantidad considerable de energía y la forma de utilizar la ducha puede marcar una diferencia importante a final de mes.

El agua de la red puede encontrarse en invierno entre 10 y 15 grados. Para una ducha confortable hay que elevar su temperatura hasta aproximadamente 38 o 40 grados. Ese salto térmico tiene un coste energético que termina reflejándose en la factura. De hecho, la ducha concentra alrededor del 25% del gasto energético relacionado con la calefacción de una vivienda europea media.

Una ducha de cinco minutos consume unos 57 litros

El primer factor que hay que tener en cuenta es el tiempo. Según datos de Endesa, una ducha de cinco minutos consume de media 57,5 litros de agua. La cifra puede variar considerablemente en función del rociador: el consumo habitual se sitúa entre 8 y 15 litros por minuto, aunque los sistemas antiguos o sin mecanismos de ahorro pueden superar los 20 litros por minuto. En España, la ducha diaria suele durar entre seis y diez minutos. Reducirla a unos cinco minutos puede suponer un ahorro significativo. Cada minuto menos bajo el agua representa entre 8 y 15 litros de agua caliente que dejan de consumirse.

El agua demasiado caliente también encarece la factura

La temperatura es otro de los elementos que conviene vigilar. Los termos eléctricos y las calderas suelen estar configurados alrededor de los 60 grados, aunque la temperatura de acumulación no tiene por qué coincidir con la que finalmente necesitamos durante la ducha. Evitar temperaturas excesivamente altas y ajustar adecuadamente la instalación puede reducir el gasto energético.

También es recomendable desterrar un gesto bastante habitual: abrir el grifo al máximo hacia el agua caliente para que el agua se caliente antes. Esta práctica puede hacer que el calentador o la caldera entren en funcionamiento con mayor intensidad y que después haya que añadir agua fría porque el chorro sale demasiado caliente. Para acciones breves, como mojarse las manos o aclarar un objeto, utilizar una posición intermedia del grifo puede evitar activar innecesariamente el sistema de agua caliente.

El rociador puede ser la clave del ahorro

Si hay un elemento que puede marcar una diferencia importante sin exigir demasiado esfuerzo, ese es el cabezal de la ducha. Un rociador convencional puede alcanzar los 20 litros por minuto. Frente a ellos están los modelos aireados o perlizadores, que mezclan el agua con aire y consiguen reducir el caudal. Su precio suele situarse entre 15 y 30 euros, dependiendo del modelo. Las estimaciones apuntan a que estos dispositivos pueden reducir hasta un 50% el agua utilizada durante la ducha. Además, el usuario puede mantener una sensación de presión similar pese a recibir un menor volumen de agua. Por eso, cambiar un rociador antiguo por uno eficiente es una de las medidas más sencillas para reducir el consumo sin sustituir el termo o la caldera.

Cerrar el grifo al enjabonarse puede ahorrar hasta 30 litros

Hay otro gesto que apenas cuesta esfuerzo y que, repetido todos los días, puede tener un impacto considerable: cerrar el grifo mientras nos enjabonamos o aplicamos champú. En una ducha de cinco minutos, esta fase puede durar entre uno y dos minutos. Mantener el agua cerrada durante ese tiempo puede evitar el consumo de entre 20 y 30 litros por ducha. Los cabezales con botón de pausa permiten hacerlo fácilmente y mantener la temperatura seleccionada sin tener que regular de nuevo el grifo al reanudar el agua.

Pequeños cambios, un ahorro considerable

No es necesario cambiar toda la instalación para reducir el consumo. La combinación de varios hábitos puede conseguir un ahorro de entre el 30 y el 50% del agua caliente utilizada mensualmente en un hogar. La fórmula pasa por limitar la ducha a unos cinco minutos, utilizar una temperatura confortable cercana a los 38 grados, instalar un rociador eficiente y cerrar el grifo durante el enjabonado.

Son cambios pequeños, pero aplicados diariamente pueden reducir tanto el consumo de agua como la energía necesaria para calentarla. Y, sobre todo, no obligan a renunciar a la ducha ni requieren una gran inversión: en muchos casos, el mayor ahorro está simplemente en cambiar la manera de utilizarla.

La forma de ducharse puede disparar el gasto de luz o gas. PEXELS
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