George Petrica, soldador: "Te juegas la vida para acabar cobrando apenas 1.200 euros al mes"
Reivindica un oficio con falta de relevo generacional, salarios ajustados y riesgos físicos importantes

Hay profesiones en las que la experiencia resulta fundamental, pero en las que los primeros años también pueden ser especialmente difíciles. Es el caso de la soldadura , un oficio técnico que requiere manejar herramientas, interpretar planos, trabajar con estructuras metálicas y afrontar diariamente riesgos físicos. George Petrica lleva más de una década dedicado a este trabajo y considera que las condiciones económicas no siempre reflejan su dificultad.
Petrica explica en una entrevista a La Vanguardia que comenzó a trabajar en el sector a los 16 años y ha pasado por obras y naves industriales en diferentes puntos de España. Según explica, actualmente existe una importante falta de profesionales cualificados, pero también dificultades para que los jóvenes permanezcan en el oficio el tiempo suficiente para adquirir experiencia.
“Este trabajo debería valorarse más porque te la juegas para acabar cobrando apenas 1.200 euros al mes ”, afirma.
La cifra corresponde, según su relato, a los salarios de entrada establecidos por convenio para determinados trabajadores del sector. Petrica señala que un soldador puede comenzar cobrando aproximadamente entre 1.200 y 1.300 euros mensuales, mientras que la diferencia respecto a un oficial con muchos años de experiencia puede ser relativamente pequeña.
Un oficio que va mucho más allá de soldar
Petrica explica que existe una idea demasiado simplificada sobre el trabajo de un soldador . No consiste únicamente en manejar una antorcha. En una obra o una nave industrial, estos profesionales tienen que medir, cortar piezas, montar estructuras, interpretar planos y solucionar problemas que aparecen durante el proceso.
Además, considera que buena parte del aprendizaje se produce directamente en el trabajo. La formación profesional puede proporcionar una base, pero la experiencia resulta determinante para dominar un oficio en el que cada montaje puede plantear problemas diferentes.
Uno de los obstáculos para atraer nuevos trabajadores es precisamente ese periodo inicial. Quienes empiezan suelen encargarse primero de tareas básicas como preparar herramientas, cortar tubos, limpiar o pintar. El salto hasta convertirse en un profesional experimentado requiere años.
Según Petrica, algunos jóvenes abandonan porque esperan comenzar inmediatamente con las tareas más especializadas y no tienen paciencia para atravesar ese proceso.
La falta de relevo generacional es, de hecho, uno de los problemas que más destaca. Los profesionales con experiencia encuentran trabajo con facilidad, mientras que muchos trabajadores veteranos se acercan a la jubilación sin que exista una generación suficiente preparada para sustituirlos.
El soldador tampoco considera que la automatización vaya a eliminar a corto plazo todos los puestos de trabajo. En una fábrica, algunas tareas repetitivas pueden ser realizadas por robots, pero una obra plantea situaciones diferentes constantemente y exige adaptar las soluciones a cada estructura.
Después de más de una década en el oficio, Petrica asegura que sigue disfrutando de esa variedad. Para él, cada montaje funciona como un puzle en el que hay que conseguir que piezas diferentes terminen encajando.







