En 1678, un marino gallego pudo avistar la Antártida: Francisco Seyxas se habría adelantado más de 140 años a los británicos
Un historiador sitúa al cartógrafo de Mondoñedo frente a las islas antárticas

La historia de la exploración antártica podría tener un capítulo español mucho más temprano de lo que se creía. El historiador Felipe Debasa Navalpotro sostiene en un nuevo estudio que el marino y cartógrafo gallego Francisco Seyxas y Lovera pudo avistar tierras antárticas en 1678 , más de 140 años antes del primer avistamiento reconocido oficialmente.
Hasta ahora, la historiografía atribuía ese hito al británico William Smith , que divisó las islas Shetland del Sur en 1819 . Sin embargo, según la documentación analizada por Debasa, Seyxas ya habría descrito y representado en mapas ese archipiélago en febrero de 1678, cuando navegaba entre los 60 y los 70 grados de latitud sur.
En sus escritos, el navegante menciona haber visto “islas a la vista de la tierra austral” , una descripción que encaja con la ubicación de las actuales islas Elefante, Clarence y Joinville, en el extremo norte de la península antártica.
Las pruebas, en un atlas guardado en Washington
La principal evidencia está en un manuscrito atribuido a Seyxas que se conserva en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos . En él aparecen anotaciones de su puño y letra sobre unas islas bautizadas con su propio nombre y fechadas en 1678, al sur del estrecho de Magallanes. El mismo mapa recoge otras islas cuya posición coincide con Elefante y Clarence.
Para Debasa, el detalle con el que el gallego dibujó las montañas visibles desde el mar refuerza la idea de que vio esas tierras con sus propios ojos. El investigador cree además que la Monarquía Hispánica pudo mantener en secreto esta información para proteger sus rutas marítimas frente a otras potencias europeas.
Nacido hacia 1647 en la diócesis de Mondoñedo , Seyxas tuvo una vida de novela: fue marino, comerciante, matemático, gobernador, espía y escritor. Pese a dejar catorce obras escritas, nunca obtuvo reconocimiento oficial y murió exiliado en Francia tras enfrentarse con el virrey de Nueva España. Si nuevas investigaciones confirman su hallazgo, España podría reclamar un papel pionero en la exploración del continente helado.







