En 1889, repobló Sierra Espuña disparando semillas con una escopeta; hoy, el parque ocupa más de 17.000 hectáreas
Ricardo Codorníu, lideró a finales del siglo XIX una de las mayores campañas de reforestación realizadas en España

A finales del siglo XIX, Sierra Espuña presentaba un paisaje muy diferente al que conocemos hoy . La explotación de la madera, la agricultura y la pérdida progresiva de la masa forestal habían dejado grandes zonas prácticamente desnudas, agravando además los problemas de erosión y el riesgo de fuertes avenidas de agua. Fue entonces cuando apareció la figura de Ricardo Codorníu y Stárico, un ingeniero de montes nacido en Cartagena en 1846 que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes impulsores de la reforestación en España.
Codorníu se incorporó a la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura y comenzó a trabajar en la recuperación de Sierra Espuña. Su proyecto no consistía simplemente en plantar árboles: hubo que construir caminos, sendas, viveros y diques para evitar que las lluvias arrasaran las nuevas plantaciones. Durante cerca de doce años supervisó unos trabajos que llegaron a abarcar alrededor de 5.000 hectáreas.
La reforestación a un gatillo:Semillas disparadas a escopetazos.
Uno de los aspectos más curiosos de aquella gigantesca tarea fue la forma de llegar a los lugares más complicados. Cuando el terreno hacía imposible acceder hasta determinadas zonas, los trabajadores introducían piñones en las escopetas y los disparaban hacia las laderas. Una solución tan rudimentaria como ingeniosa para intentar que las semillas alcanzaran lugares prácticamente inaccesibles.
La reforestación fue mucho más que una sucesión de plantaciones. Se construyeron unos 240 kilómetros de caminos y sendas, 144 kilómetros de diques en las laderas, siete viveros y cientos de miles de pequeños bancales destinados a favorecer la retención del suelo. Codorníu aplicó además métodos de estudio y planificación que hoy pueden resultar habituales, pero que entonces suponían una forma avanzada de entender la gestión forestal.
El resultado empezó a hacerse visible con el paso de los años. Los árboles fueron recuperando el terreno, se redujo la erosión y Sierra Espuña comenzó a adquirir el aspecto de bosque que mantiene actualmente. La experiencia sirvió además como referencia para posteriores proyectos de restauración forestal en otras zonas de España.
La labor de Codorníu le valió el sobrenombre de "Apóstol del Árbol". Murió en Murcia en 1923 , pero su legado continúa presente tanto en Sierra Espuña como en distintos parques y espacios públicos de la Región. Su figura también ha recibido homenajes posteriores, entre ellos la plantación de un pino carrasco en Murcia con motivo del centenario de su fallecimiento.
Más de un siglo después, la historia de aquel ingeniero cartagenero permite entender hasta qué punto un paisaje puede cambiar con planificación, paciencia y miles de árboles. Lo que comenzó como una montaña castigada por la explotación terminó convirtiéndose en uno de los grandes espacios forestales de la Región de Murcia.







