En 1948, Estados Unidos lanzó en paracaídas a 76 castores a valles sin carreteras: en un año, habían creado colonias, madrigueras y represas
El servicio de fauna de Idaho sustituyó los lentos convoyes de mulas por unas cajas de madera

El servicio de fauna de Idaho resolvió en 1948 un problema de convivencia con los castores de una forma insólita: lanzándolos desde un avión. Elmo W. Heter , empleado de la agencia, describió la operación en abril de 1950 en el Journal of Wildlife Management. Ningún otro servicio de caza estadounidense había probado hasta entonces el transporte aéreo de animales vivos hacia valles sin carreteras, y las comprobaciones del año siguiente confirmaron que el método funcionaba.
Una caja que se abría sola
El primer obstáculo fue el contenedor. Las cajas iniciales tenían extremos de mimbre trenzado, que los roedores a veces perforaban antes de tiempo. Se optó por dos medias cajas de madera unidas como una maleta , de 76 centímetros de largo, con tiras de cámaras de neumático de camión que hacían de muelles.
Cada caja llevaba dos castores , lo que reducía a la mitad los paracaídas necesarios: modelos de rayón de 7,3 metros procedentes de excedentes militares. Un biplano Travelair cargaba ocho cajas y las soltaba entre 150 y 245 metros sobre las praderas.
Antes, un viejo macho apodado Geronimo fue lanzado una y otra vez sobre el aeródromo. Después viajó en el primer vuelo junto a tres hembras jóvenes.
En otoño de 1948 volaron 76 castores y solo uno murió: una ligadura demasiado ligera cedió, el animal trepó al techo de su caja y saltó o cayó desde 23 metros.
La alternativa eran convoyes de mulas que tardaban varios días, donde los castores sufrían calor, los más viejos se volvían agresivos y las caballerías se alteraban. El avión salía más barato: dos dólares por dos cajas, 16 por dos paracaídas y 12 de horas de vuelo, factura que se reducía a la mitad gracias a los paracaídas recuperados.
A finales de 1949, los equipos regresaron a las zonas de suelta . Los castores habían levantado presas, construido madrigueras y almacenado ramas para el invierno. Sus colonias prosperaban en praderas a las que aún hoy no llega ninguna carretera.







