En el 79 d.C., el Vesubio sepultó un armario en Pompeya: ahora se han revelado los secretos de la mujer que lo llenó
Objetos del día a día que ayudan a comprender cómo era su rutina

Pompeya sigue revelando secretos casi 2.000 años después de quedar sepultada por el Vesubio . Esta vez, el protagonista es un sencillo armario de madera que nadie volvió a abrir tras la erupción del 79 d.C . y que permite asomarse a la vida cotidiana de una de sus vecinas.
Casi 200 siglos después de que el Vesubio sepultara Pompeya , un armario de madera ha permitido asomarse a la intimidad de una de sus vecinas. Los arqueólogos del Parque Arqueológico de Pompeya han reconstruido este mueble , que nadie volvió a abrir tras la erupción del año 79 d.C., en una casa de la vía dell’Abbondanza, una de las calles principales de la antigua ciudad. La madera se pudrió con el tiempo, pero la ceniza endurecida conservó su huella como si fuera un molde.
Cosméticos, pesas y 38 monedas
Se trataba de un armario de esquina con dos alas de unos dos metros cada una. En sus estantes había vajilla de uso diario , un frasco de vidrio para perfumes, unas pinzas de bronce y una pequeña lámina de pizarra para mezclar pigmentos, una especie de paleta de maquillaje romana .
En la balda inferior apareció una cajita con ocho pesas de plomo , que podrían apuntar a una actividad comercial, y una cestita con 38 monedas de bronce, la mayoría de la época de Nerón . Según los cálculos de los investigadores, con ese dinero se podían pagar unas catorce copas de falerno, uno de los vinos más apreciados de la época. En otra habitación aparecieron los restos de, al menos, dos ratones dentro de un ánfora .
El hallazgo más emotivo es un conjunto de veinticuatro amuletos de hueso, vidrio, fayenza y cristal de roca , guardados en una bolsa de tela. Son ‘crepundia’, collares que los romanos ponían a los niños para protegerlos. Que aparecieran en el armario de un adulto sugiere que su dueña los conservó toda la vida como recuerdo de su niñez.
El director del parque, Gabriel Zuchtriegel , reconoce que no es posible saber con certeza quién vivía en la casa, pero destaca que estos objetos acercan a su vida cotidiana. Los investigadores no saben si sus propietarios lograron huir o murieron en la erupción, pero las monedas indican que nunca regresaron a por sus pertenencias más valiosas.







