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Dormir en Francia y Suiza a la vez: el hotel partido en dos por la frontera que burló a los nazis y salvó a 600 judíos en la II Guerra Mundial

Situado entre ambos países, aprovechó su peculiar ubicación fronteriza para convertirse en un refugio

Alfonso Pareja413 palabras

E n Europa existe un hotel en el que cruzar una frontera no requiere salir del edificio. El Hotel Arbez, también conocido como Hôtel Franco-Suisse, se encuentra en La Cure, una pequeña localidad atravesada por la frontera entre Francia y Suiza. Su particular ubicación lo ha convertido en un establecimiento único, pero su historia va mucho más allá de esta curiosidad geográfica: durante la Segunda Guerra Mundial, sus habitaciones sirvieron de refugio para personas que escapaban de la persecución nazi.

El edificio quedó dividido entre los dos países por una disputa territorial que terminó definiendo su singularidad. Lo que inicialmente fue una oportunidad comercial para su propietario acabó convirtiéndose, décadas después, en una ventaja decisiva para quienes necesitaban huir de la ocupación alemana. Su historia refleja cómo una frontera, que normalmente separa territorios, también puede ofrecer una vía de escape en circunstancias extremas.

El hotel donde los nazis no podían cruzar todas las puertas

El origen de esta peculiar situación se remonta al siglo XIX , cuando el empresario que impulsó el establecimiento aprovechó un cambio fronterizo previsto entre Francia y Suiza para construir un edificio en una posición estratégica. Con el paso del tiempo, el inmueble terminó albergando un hotel con habitaciones, comedor y otras dependencias atravesadas por la línea que separa ambos países.

La verdadera importancia de esta característica se hizo evidente durante la Segunda Guerra Mundial . Cuando las tropas alemanas ocuparon Francia, podían acceder a la parte francesa del establecimiento, pero no cruzar legalmente a la zona suiza, un país que se mantuvo neutral durante el conflicto.

Esta circunstancia permitió que algunas habitaciones situadas en territorio suizo se convirtieran en un lugar de protección para refugiados y miembros de la Resistencia francesa . La propia estructura del edificio dificultaba que los soldados alemanes pudieran acceder a determinadas dependencias: incluso la escalera que conducía a las plantas superiores cruzaba la frontera internacional.

El propietario de entonces, Max Arbez , y su esposa, Angèle , ayudaron a judíos que trataban de escapar de la persecución nazi en Francia . Su actuación convirtió el establecimiento en algo más que un negocio hotelero y dejó una huella en la memoria histórica de la región.

Décadas después, el Hotel Arbez continúa siendo un ejemplo excepcional de cómo la geografía puede influir en el destino de las personas. Su historia recuerda que, en uno de los periodos más difíciles de Europa, una frontera que dividía un edificio también pudo ofrecer una oportunidad para salvar vidas.

Alpes Suizos, imagen archivo EFE
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