Emily Henderson, diseñadora de interiores, sobre la mejor forma de colgar un cuadro: "A nivel de los ojos es lo que hace que una habitación se sienta conectada"
Domina la altura correcta para que los espacios respiren armonía y equilibrio estético

Colocar obras de arte en las paredes del hogar parece una tarea sencilla, pero los expertos advierten que un pequeño fallo de cálculo puede arruinar la armonía de toda la estancia. En el mundo del diseño y la museografía existe un consenso absoluto sobre la forma idónea de exponer cualquier pieza pictórica sin caer en desequilibrios visuales.
La reconocida estilista y experta en decoración Emily Henderson subraya con claridad culpar al desconocimiento de esta norma básica: " El error número uno que comete la gente es colgar el arte demasiado alto ". Para solucionar este problema cotidiano, la diseñadora recuerda que existe una pauta internacional muy clara que se aplica de forma estricta tanto en las galerías profesionales como en los museos de arte contemporáneo.
Las directrices para colgar un cuadro sin romper la armonía de la habitación
Siguiendo esta misma directriz técnica, la experta detalla cuál es la medida de referencia que debemos tomar siempre como guía principal antes de perforar cualquier tabique: " La regla general en galerías y museos es que el centro de la pieza debe quedar a unos 145 o 150 centímetros del suelo ". De este modo se consigue que el campo visual del espectador se mantenga siempre natural y fluido.
Además, la especialista añade un matiz fundamental sobre las proporciones arquitectónicas de los hogares modernos, advirtiendo sobre las excepciones espaciales: " A menos que midas más de dos metros o tengas techos de doble altura, colgarlo a nivel de los ojos es lo que hace que una habitación se sienta conectada y humana ". Respetar esta escala evita que los cuadros queden flotando de manera extraña en la parte superior de la pared.
Aplicar estos sencillos consejos de interiorismo transforma por completo la percepción de cualquier salón, pasillo o recibidor. Al final, se trata de dejar que las obras respiren y dialoguen con el mobiliario circundante, logrando un hogar equilibrado, elegante y visualmente impecable.






