Rosana Álvarez, veterinaria, sobre las señales que indican que tu perro o gato está estresado: “Señal de alarma”
Cambios en su comportamiento, temblores, ladridos o maullidos excesivos y conductas destructivas pueden advertir de ansiedad

Perros y gatos también sufren estrés y ansiedad, aunque no puedan expresar con palabras qué les ocurre. Un cambio en sus rutinas, una mudanza, una visita al veterinario o incluso pasar demasiado tiempo solos pueden alterar su comportamiento. Reconocer las señales es fundamental para evitar que el problema se cronifique.
Los animales se comunican principalmente mediante su comportamiento y lenguaje corporal . Por eso, cualquier modificación realizada respecto a sus hábitos o rutinas puede ser una señal de alerta. Rosana Álvarez Bueno, veterinaria especializada en Medicina del Comportamiento explica las principales causas para eldiario.es.
“Cualquier cambio llamativo y mantenido en cómo comen, duermen o se relacionan con nosotros es una señal de alarma” , explica Rosana. Entre los síntomas más habituales están la inquietud, los ladridos o maullidos constantes, esconderse, mostrarse excesivamente dependientes o desarrollar conductas destructivas. También pueden aparecer signos físicos como jadeos, temblores, lamidos compulsivos, pérdida de pelo o, en el caso de los gatos, problemas para utilizar el arenero.
Rosana Álvarez, veterinaria, sobre cómo ayudar a tu perro o gato en estas situaciones de ansiedad: “Ofrecer seguridad”
Los desencadenantes pueden ser diferentes: viajes, tormentas, fuegos artificiales, enfermedades, nuevos miembros en el hogar o cambios de horarios . La falta de previsibilidad y pasar muchas horas solos son, según Álvarez, factores especialmente frecuentes.
Para ayudarles, la especialista recomienda mantener rutinas estables de alimentación, juego y paseos, además de identificar aquello que provoca su ansiedad. T ambién es importante cubrir sus necesidades físicas y mentales mediante paseos en los que puedan olfatear, juegos de inteligencia, rascadores y espacios de exploración.
Crear una zona tranquila donde puedan refugiarse sin ser molestados también puede aportarles seguridad. El castigo, en cambio, debe evitarse porque aumenta el miedo y perjudica la relación con el animal. “La clave es ofrecer seguridad a través de la rutina y del respeto a sus necesidades: precisan saber, más o menos, qué va a pasar en su día a día” , explica la veterinaria.
Si el estrés persiste o aparecen síntomas de malestar como la diarrea, pérdida de peso, autolesiones o agresividad , conviene acudir al veterinario. Una intervención temprana puede evitar que la ansiedad se convierta en un problema crónico.






