Septimio Severo, emperador romano: "Mantén la paz, enriquece a los soldados y búrlate del resto"
La frase estaba dirigida a sus hijos

A lo largo de la historia hay muchas figuras claves y una de ellas es Septimio Severo , uno de los emperadores más poderosos de Roma que gobernó desde el 193 hasta el 211 d.C. Su llegada al trono marcó el inicio de la dinastía Severa y transformó profundamente el Imperio romano al convertirlo, en la práctica, en una dictadura militar.
Además, fue el primer emperador romano nacido en África (en Magna Lepcis, la actual Libia) , lo que reflejó la creciente globalización e importancia de las provincias frente a la aristocracia de la propia Roma. Tal es su importancia que hay muchas frases célebres que se le atribuyen. Un ejemplo es: "Mantén la paz, enriquece a los soldados y búrlate del resto" , la cual está recogida en una obra cumbre de la historiografía clásica: ‘la Historia Romana’, del senador e historiador Dión Casio.
Qué quiere decir esta frase del emperador romano Septimio Severo
La frase de Septimio Severo era un honesto consejo a sus hijos y sucesores, Caracalla y Geta , mientras se encontraba en su lecho de muerte en el año 211 d.C. en Eboracum (la actual York, Reino Unido). El trasfondo y significado de estas tres directrices explican la cruda realidad del Imperio en el umbral del siglo III.
Con ella se refería a evitar a toda costa las destructivas guerras civiles internas. Venía de consolidar su poder tras el caótico ‘año de los cinco emperadores’ (193 d.C.) y sabía que la concordia dinástica era vital para que el Imperio no se despedazara. Para enriquecer a los soldados, Severo basó conscientemente todo su poder en el estamento militar y la lealtad de las legiones , aumentando considerablemente la paga de la tropa.
Finalmente, la última parte es una alusión directa a las élites tradicionales, especialmente al Senado romano. El emperador redujo drásticamente la influencia política de los senadores a favor de los militares y la burocracia ecuestre, dejando claro que las antiguas instituciones republicanas ya no tenían un peso real en las decisiones de la autocracia imperial.







