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Barcelona acoge el estreno español del UNO Social Club y congrega a cientos de fans en el Born

El evento de Mattel llegó por primera vez a España y convirtió el Monk, en el Born, en una noche de cartas, cócteles, DJ y competición amistosa

Sergio Rodriguez588 palabras

Pocos inventos han hecho tanto daño a la paz mundial con tan poca pólvora como una carta de +4 . Esa misma que esperas escondida, que colocas con una sonrisa de villano de sobremesa y que convierte a tu mejor amigo en tu peor enemigo durante exactamente el tiempo que dura la partida . El pasado jueves, Barcelona decidió celebrar precisamente eso: la traición amable, la risa floja y el placer antiquísimo de dejar a alguien sin cartas mientras tú te vas a dormir tranquilo. UNO Social Club aterrizó por fin en España.

El escenario no pudo ser más apropiado para un juego que es, en el fondo, un secreto compartido entre colegas. El Monk , bar camuflado de bazar escondido en las tripas del Born , se vistió de los cuatro colores de la baraja y abrió sus puertas a un universo pintado entero de UNO . Media hora después de levantar la persiana, ya no cabía ni un alfiler.

Dentro, la coctelería iba tematizada de pies a cabeza. Cada grupo tomaba su mesa y su baraja correspondiente, y a partir de ahí la mecánica era deliciosamente sencilla: beber, barajar, repartir y empezar a echarse faroles con una sonrisa . Un DJ ponía la banda sonora a los duelos, mientras un mago se colaba entre mesa y mesa haciendo desaparecer cartas que, seguramente, alguien ya había intentado esconderse en la manga por su cuenta.

Porque si algo quedó claro en el Monk es que nadie juega al UNO de la misma manera , y que todos estamos convencidos de que nuestra versión es la buena. Allí se libraron las eternas guerras de reglamento, esas que dividen familias desde hace medio siglo. La primera, la madre de todas las disputas: ¿se pueden encadenar los +2 y los +4 para pasarle el muerto al siguiente? El reglamento oficial es tajante: no, no se pueden acumular. Quien lo haga, está jugando con normas caseras, esas que cada cuadrilla defiende como si fueran la Constitución.

Barcelona encuentra su planazo

La segunda sentencia pilló a más de uno con el paso cambiado. Cantar “¡UNO!” cuando te queda una sola carta no es una formalidad simpática, es obligatorio, y olvidarlo se paga caro: si un rival te pilla despistado antes de que arranque el turno siguiente, robas dos cartas de penalización . Media sala descubrió esa noche que llevaba toda la vida jugando de farol y saliéndose con la suya.

El Social Club es, en realidad, la última jugada de un veterano. UNO cumple más de cinco décadas y, en lugar de retirarse a la mesa camilla, ha decidido echarse a la calle, a la noche y al cóctel . Un planazo para los fanáticos y un éxito para la marca. Barcelona fue la única parada española de una gira internacional que ha repartido cartas en Berlín, Londres, Ciudad de México, Río de Janeiro, Sídney, Tokio y Toronto, además de medio Estados Unidos . La Ciudad Condal, por esta vez, hizo de capital mundial del descarte.

Al final de la noche, cuando las barajas volvieron a su caja y los cócteles a la barra, quedó la sensación de que lo de menos había sido ganar. Un juego que nació para la sobremesa familiar demostró que sabe envejecer sin volverse serio , y que a veces, para pasarlo en grande, basta con un puñado de cartas, unos cuantos amigos y la certeza de que alguien, en algún momento, te va a clavar un +4 sin piedad. Reverse, cambio de sentido, y hasta la próxima.

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