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Jessica Rivero, la maleta de una niña valiente: “Cuando lo paso mal recuerdo que nunca me rendí”

La internacional española repasa en MARCA una carrera marcada por la valentía, los títulos y la superación personal

Nacho Labarga4178 palabras

Llegó a España desde Cuba con cuatro años , comenzó a jugar al voleibol a los siete y a los 13 dejó su casa para iniciar en Las Palmas una carrera que la ha llevado por algunas de las mejores ligas del mundo. La internacional española habla de sus sacrificios, su precoz debut con la selección, la depresión que sufrió en Polonia , la importancia de pedir ayuda y los sueños que todavía persigue: jugar en Japón y vivir algún día unos Juegos Olímpicos . Cuando Jessica Rivero atraviesa un mal momento, cuando una temporada se complica, el cuerpo no responde o el camino parece más largo de lo esperado, vuelve mentalmente a una niña de 13 años . La encuentra haciendo una maleta para marcharse a Gran Canaria , separándose de su familia y tratando de convencerse de que estaba preparada para jugar en el mejor equipo de formación de España . No recuerda miedo. Sí muchos nervios, una ambición enorme y el deseo de demostrar que aquella oportunidad no le quedaba grande. Han pasado los años, los clubes, los países y los títulos , pero esa niña continúa acompañándola cada vez que necesita recordar quién es y cuánto ha recorrido. “Cuando estoy en momentos de dificultad o no estoy teniendo una buena etapa deportivamente, recuerdo que fui una niña muy valiente , que nunca me rendí y que siempre miré hacia adelante”, explica la internacional española . Aquella adolescente quería jugar en las mejores ligas de Europa . Lo consiguió. Ha competido en España , Alemania , Turquía , Polonia , Italia y Estados Unidos , ha vestido la camiseta de la selección desde una edad extraordinariamente temprana y se ha acostumbrado a reconstruir su vida en ciudades, vestuarios y culturas diferentes. Sin embargo, sigue hablando de cada nuevo comienzo con una ilusión que parece intacta. Para ella, hacer las maletas no es únicamente una consecuencia de la profesión. Es parte de la aventura . Su historia necesita una precisión importante . Jessica no abandonó Cuba con 13 años para perseguir el sueño de convertirse en voleibolista . Llegó a España con cuatro , acompañada por su familia, creció aquí y empezó a jugar al voleibol a los siete años . El gran salto se produjo después, cuando todavía era una niña y dejó su casa para incorporarse al Olímpico de Las Palmas . Allí comenzó de verdad su carrera deportiva , primero dentro de las categorías de formación y, casi al mismo tiempo, entrenándose con el equipo de Superliga . “Con 13 años me fui a Gran Canaria y empecé prácticamente mi carrera profesional . El primer año entrenaba con las categorías de base, pero también lo hacía con el equipo de Superliga ”, recuerda. La oportunidad tenía una dimensión enorme para una adolescente. El Olímpico era entonces una referencia nacional y Jessica llegó con la necesidad de acreditar cada día que merecía ocupar aquella plaza. “No tuve miedo de dar el paso, también gracias a mi madre , que ha sido siempre mi guía en el deporte . Sentía muchísimos nervios porque me iba al mejor equipo de España en ese momento dentro de las categorías de base. Quería demostrar que era buena y que me merecía estar allí”. “Yo quería ser la mejor de España ” A los 13 años , Jessica ya tenía una meta tan sencilla de formular como complicada de alcanzar. “Yo quería ser la mejor de España ”, asegura. No era una fantasía vaga, sino un objetivo que orientaba sus decisiones y le permitía aceptar las renuncias que acompañaban a una carrera precoz . Mientras otras niñas vivían una adolescencia convencional , ella aprendía a convivir con la distancia , los entrenamientos de alto nivel , la responsabilidad y la presión de competir por títulos . Con el tiempo fue ganándolo prácticamente todo dentro del voleibol español . Se proclamó campeona en torneos de selecciones autonómicas , competiciones de clubes y distintas categorías: infantil , cadete , juvenil , Superliga Júnior y Superliga . Los éxitos se sucedieron a tanta velocidad que ni ella misma se detuvo siempre a medir su importancia. “Muy poca gente sabe o recuerda que en España prácticamente lo he ganado todo, en todas las categorías . Es algo de lo que a veces ni yo misma me acuerdo”, reconoce. Ahora ha aprendido a utilizar ese pasado como una herramienta . No para instalarse en la nostalgia ni para enumerar títulos , sino para encontrar respuestas cuando aparecen las dudas . La memoria de aquella niña funciona como una prueba de resistencia : si fue capaz de marcharse tan joven, de competir contra las mejores y de sostener durante años una ambición tan exigente, también puede afrontar las dificultades presentes . “Le diría a aquella niña que fue supervaliente , que nunca se rindió y que siempre tuvo muy claro su objetivo dentro del deporte . Poco a poco lo fue consiguiendo”. La influencia familiar fue decisiva , aunque nunca se convirtió en una imposición . Jessica es hija de dos deportistas de alto nivel . Su padre practicó baloncesto y su madre esgrima ; ambos pertenecieron durante años a las selecciones cubanas y vivieron internos desde muy jóvenes en un centro de alto rendimiento . Conocían desde dentro las exigencias del deporte , pero jamás intentaron decidir el camino de su hija. “Para mí ha sido una ventaja . Nunca tuve presión y nunca me obligaron a practicar sus deportes. Siempre me dejaron elegir libremente ”. Antes de decantarse por el voleibol , Jessica hizo natación , karate y baloncesto . Era una niña activa , curiosa y dispuesta a probar disciplinas diferentes . Sus padres acompañaron esa búsqueda sin proyectar sobre ella sus propias carreras. Cuando eligió el voleibol y comenzó a destacar, pudieron aconsejarla desde la experiencia real de quienes conocían el sacrificio , la disciplina y la vida de un deportista de élite . “Están muy felices de que su hija haya llegado al alto nivel . Siempre, siempre, siempre me han aconsejado y guiado en mi camino. Han estado y continúan estando muy presentes ”. El debut que cambió un viaje a China La precocidad de Rivero no terminó con su llegada a Las Palmas . A los 15 años fue convocada para entrenarse por primera vez con la selección española absoluta . En principio, el plan era que permaneciera dos semanas junto a las mayores, conociera la dinámica del equipo nacional y después regresara con la selección de su categoría para disputar el Mundial escolar en China . Tenía el viaje preparado, la visa colocada en el pasaporte y una enorme ilusión por participar en el que iba a ser su último campeonato escolar . Jessica llegó a la concentración de la absoluta llena de nervios . Aunque ya se entrenaba con un equipo de Superliga , iba a compartir pista con las mejores jugadoras españolas , muchas de ellas establecidas en importantes ligas extranjeras . “Yo estaba entrenando con aquello que quería hacer en el futuro . Me repetía que tenía que entrenar muchísimo y trabajar muchísimo porque para mí todo era nuevo ”, cuenta. Entonces se produjo un contratiempo que modificó sus planes . Una de las jugadoras se rompió un dedo justo en la semana en la que Jessica debía marcharse con la selección de su edad. El cuerpo técnico valoró la respuesta de la adolescente durante los entrenamientos y decidió que se quedara con la absoluta . “Me dijeron: ‘Nos gusta mucho tu actitud y lo preparada que estás, así que te quedas’”. China desapareció del horizonte y el debut con la selección absoluta ocupó su lugar. La noticia tuvo un sabor agridulce . Jessica quería jugar aquel Mundial escolar , pero al mismo tiempo estaba recibiendo una oportunidad que parecía reservada para mucho más adelante. “Tenía muchas ganas de ir a China , pero a la vez iba a debutar con la selección absoluta ”. Con solo 15 años , tuvo que aceptar que la carrera profesional exige a menudo renunciar incluso a experiencias deseadas para aprovechar otras oportunidades irrepetibles . Pese a la magnitud del salto, Rivero no recuerda un instante concreto en el que se sintiera parte de la élite internacional . Seguía viéndose como una niña rodeada de mujeres adultas y jugadoras reconocidas . Era consciente de todo lo que debía aprender, pero nunca interpretó la diferencia de edad o experiencia como una señal de que no merecía estar allí. “Me sentía como una niña de 15 años jugando con las mejores de España y con jugadoras de mucho nombre. Nunca me sentí inferior . Sabía que tenía que aprender y trabajar muchísimo, pero también me sentía preparada para estar en aquel lugar”. Esa combinación de humildad y convencimiento se convertiría en una constante de su carrera . Jessica ha llegado a cada nuevo destino sabiendo que debía ganarse el puesto , adaptarse y aprender , pero sin considerar que el escenario fuera demasiado grande para ella. Una carrera escrita en países y mudanzas España , Alemania , Turquía , Polonia , Italia y Estados Unidos componen el mapa de una trayectoria construida alrededor del voleibol . Cada país le ha ofrecido una competición distinta , una cultura particular y una forma diferente de entender la vida profesional . También la ha obligado a afrontar el lado menos visible del deporte : encontrar una casa , desenvolverse en otro idioma , integrarse en un vestuario , comprender a un nuevo entrenador y construir relaciones personales sabiendo que probablemente serán temporales . Después de tantos años podría haberse cansado de esa inestabilidad . Sin embargo, Rivero continúa encontrando energía en los comienzos . “Mi motivación es mi pasión por jugar al voleibol , por estar en la pista y por demostrarme una y otra vez a mí misma que soy capaz ”, señala. Ya no siente la necesidad de convencer a los demás ni de responder a expectativas externas . “No tengo que demostrarle nada a nadie. Me lo demuestro a mí misma: que estoy bien físicamente , que estoy bien mentalmente y que todavía puedo hacerlo”. La competición sigue siendo una prueba personal , pero también una plataforma para inspirar a las jóvenes que desean recorrer un camino parecido. Rivero quiere que entiendan que el alto nivel no se alcanza únicamente con talento . “No es fácil llegar. Se necesitan muchísimas horas de trabajo y tener los objetivos muy claros, porque siempre ocurren cosas en la vida que te hacen replantearte todo o desviarte de la meta ”. Conocer otros países es otra de las razones que mantienen intacta su ilusión . Jessica disfruta descubriendo culturas , estilos de juego y maneras diferentes de relacionarse con el deporte . Incluso después de tantas mudanzas , conserva la emoción de atravesar por primera vez la puerta de un nuevo vestuario . “Esa primera vez de llegar a un equipo y todo lo que conlleva es adrenalina pura . Me apasiona conocer otras culturas , otras ligas y seguir viviendo esas experiencias . Eso es lo que me sigue llenando”. Pero la vida lejos de casa no siempre tuvo un componente emocionante . En Polonia , durante los años marcados por la pandemia , la distancia , el aislamiento y las restricciones la condujeron al momento más delicado de su vida. “A día de hoy puedo decir que estuve en depresión ” Jessica Rivero habla con claridad de lo sucedido en Polonia . Tras la crisis sanitaria provocada por el COVID , encontró un país prácticamente cerrado , temperaturas muy bajas y una vida social limitada al mínimo. El voleibol era casi su único contacto con otras personas. Fuera de los entrenamientos y los partidos , la soledad comenzó a ocuparlo todo. No hubo un acontecimiento concreto que explicara su estado . Precisamente por eso le costó entender qué estaba ocurriendo. Lloraba con frecuencia, estaba triste , había perdido mucho peso y no conseguía reconocerse. “Llegué a un momento de depresión . A día de hoy puedo decir que estuve en depresión . Yo misma me dije: ‘A mí me pasa algo’. No sabía qué era porque no me había sucedido nada en particular, pero lloraba mucho, estaba triste y había bajado muchísimo de peso ”. La deportista acostumbrada a resolver los problemas entrenando y trabajando más comprendió que aquella situación necesitaba otro tipo de respuesta . Decidió buscar ayuda externa y comenzó a trabajar con una psicóloga . “Ahí me di cuenta de lo importante que es pedir ayuda . No todo el mundo tiene la capacidad de llegar hasta ese punto. Hay personas que se hunden en sus pensamientos y en su depresión sin saber cómo salir o dónde encontrar la luz ”. La terapia le permitió comprender lo que estaba viviendo y adquirir herramientas para manejarlo. No fue una intervención puntual . Jessica sigue trabajando con la misma profesional y considera ese acompañamiento una parte esencial de su bienestar . “Continúo con mi psicóloga a día de hoy y me ayuda muchísimo”. Su formación académica ha reforzado esa convicción . Rivero estudió Psicología y Pedagogía mientras competía al máximo nivel , un esfuerzo añadido dentro de una vida ya marcada por los entrenamientos , los viajes y los partidos . La psicología siempre le había despertado interés , pero acabó convirtiéndose también en una vía de autoconocimiento . “He descubierto muchísimas cosas que ni yo misma sabía de mí gracias a la psicología ”. La internacional española considera que todavía existe una visión equivocada de la terapia . Muchas personas entienden que acudir a un psicólogo significa estar al límite o padecer un problema extremo , cuando ella defiende justamente lo contrario. “Aquí tenemos el pensamiento de que, si vas al psicólogo , es porque estás muy mal. Yo creo que todos deberíamos tener uno, una persona externa a nuestra vida que nos guíe y nos aconseje para afrontar mejor las situaciones . Eso no significa que uno esté loco ”. Su defensa de la salud mental no se limita al alto rendimiento . Rivero recuerda que la vida cotidiana también expone a las personas a una cantidad enorme de estrés , información y presión . “Hay que valorar muchísimo más la psicología , no solo en el deporte , sino también en el día a día . Estamos sometidos a muchísimas situaciones y a muchísimo estrés . Tenemos que aprender a controlarlo y a integrarlo en nuestra rutina porque puede terminar derivando en enfermedades y patologías cuyo origen ni siquiera sabemos identificar”. La confesión de Jessica no pretende presentar la depresión como otro rival vencido gracias a su fortaleza . Su mensaje es diferente: hubo un momento en el que no podía salir sola y pedir ayuda fue la decisión que comenzó a devolverle la luz . En una carrera asociada a la resistencia y la exigencia , aprendió que reconocer la vulnerabilidad también era una forma de valentía . Un equipo que no olvidará nunca Resulta difícil escoger un único partido , punto o momento capaz de resumir una trayectoria tan extensa. Rivero guarda recuerdos importantes de sus primeros títulos en España , del debut con la selección , de sus experiencias internacionales y de todos los vestuarios por los que ha pasado. Sin embargo, cuando debe elegir un capítulo reciente , señala la temporada en la que conquistó la Liga y la Copa italianas . Ganar un título importante fuera de España era uno de sus grandes objetivos individuales . Quería demostrar que podía formar parte de un proyecto campeón en otra competición y conseguirlo dentro de un país con una enorme tradición voleibolística . “Haber ganado una Liga en Italia , perdiendo solamente un partido , fue algo increíble . Era un objetivo deportivo personal : quería levantar un título importante en otra liga ”. Rivero no recuerda únicamente los trofeos , sino el funcionamiento del equipo que los hizo posibles. Había experiencia , compromiso , comunicación y una conexión muy difícil de encontrar entre las jugadoras , el cuerpo técnico y el club . “Trabajábamos muchísimo y teníamos los objetivos muy claros. Hablábamos entre nosotras y existía mucha sincronía entre el equipo técnico , las jugadoras y la entidad . Todos perseguíamos lo mismo, y eso es muy complicado porque cada persona tiene también sus metas individuales ”. Desde fuera, la superioridad de la plantilla podía provocar la sensación de que ganar era una obligación sencilla . El equipo contaba con jugadoras de nivel A1 compitiendo en la segunda categoría , pero esa condición incrementaba la presión . Todos los rivales afrontaban los partidos contra ellas con una motivación especial . “La gente decía que teníamos un equipo de jugadoras de A1 , pero no es fácil jugar en A2 y ganarlo todo. Todos los equipos venían contra nosotras con todas las ganas y toda la motivación . Además, soportábamos muchísima presión ”. El grupo respondió perdiendo únicamente un encuentro y conquistando las dos competiciones . “Ese año fue perfecto . Es un equipo que no voy a olvidar en la vida”. La temporada confirmó algo que Rivero había aprendido durante su carrera : reunir talento no garantiza el éxito . La verdadera diferencia aparece cuando el talento acepta trabajar bajo un objetivo común . El espejo italiano y las carencias españolas La experiencia en Italia también le ha permitido comparar dos realidades muy diferentes. El voleibol femenino italiano cuenta con una de las mejores ligas del mundo , reúne a grandes estrellas internacionales y se beneficia de los éxitos de una selección que se ha convertido en referencia mundial y olímpica . En España , pese a los avances , el deporte continúa lejos de la atención mediática y del seguimiento que reciben otras disciplinas . Para Rivero , no existe una única explicación ni una solución inmediata . “Es una pregunta bastante complicada porque influyen muchos factores para que un deporte sea mediático ”. Uno de los elementos fundamentales es la necesidad de construir referentes para las categorías inferiores . Las niñas deben poder identificarse con una selección absoluta que compita, gane y ocupe espacios relevantes . “En Italia ha ayudado muchísimo que la selección absoluta haya obtenido resultados y ganado Europeos , Mundiales y Juegos Olímpicos ”. Los triunfos internacionales generan atención , pero también son la consecuencia de una estructura consolidada , de un trabajo sostenido desde la base y de una mentalidad competitiva muy marcada. “Las jugadoras italianas siempre quieren ganar y tienen las cosas muy claras”. La fortaleza de la liga completa el círculo . La llegada de las mejores voleibolistas extranjeras aumenta el nivel de los entrenamientos y obliga a las locales a crecer para competir por un puesto . “Tener la mejor liga del mundo ayuda a atraer a las mejores jugadoras , y eso ha hecho que el nivel de las italianas suba muchísimo”. El voleibol español todavía necesita años de trabajo para aproximarse a ese modelo . Rivero evita ofrecer una receta fácil porque considera que las carencias son numerosas y se encuentran conectadas . “Es difícil decir que debemos empezar por un punto concreto . Hay muchísimas cosas que faltan en el voleibol español y corregirlas requiere mucho tiempo ”. La visibilidad , según su análisis, no aparecerá por una sola campaña o un resultado aislado . Necesita clubes sólidos , formación , inversión , referentes , una liga más competitiva y una selección capaz de generar ilusión alrededor del deporte . Una veterana para guiar a las jóvenes Jessica comenzará ahora una nueva etapa en el Consolini Volley San Giovanni , un proyecto que le atrae por su crecimiento gradual y por la capacidad del club para asentarse en la máxima categoría italiana . “Hace tres años ascendieron y han sabido mantenerse muy bien en A1 . Llegar desde A2 es difícil, pero consolidarse puede ser todavía más complicado porque los clubes que llevan muchos años arriba ya cuentan con una estructura y un equipo hechos . El recién ascendido tiene que construir prácticamente todo de nuevo y encontrar jugadoras con nivel para competir”. La próxima temporada tendrá además un elemento especial . Rivero trabajará con un entrenador al que se ha enfrentado en numerosas ocasiones y con el que había desarrollado una especie de rivalidad deportiva . Durante años él había diseñado planes para frenar a la española ; ahora necesitará aprovechar su experiencia . “Siempre hemos tenido ese pique entre jugadora y entrenador . Antes tenía que encontrar la forma de pararme y ahora vamos a trabajar juntos ”. El Consolini contará con una plantilla joven y Jessica asumirá una responsabilidad diferente . La niña que llegó a Las Palmas y la adolescente que observaba a las internacionales españolas se han convertido en una de las veteranas del vestuario . “Él quiere y necesita mi experiencia . Ahora que soy de las veteranas , quiero transmitir e inspirar a todas esas jovencitas ”. Rivero percibe que algunas jóvenes poseen muchísimo talento , pero necesitan comprender la importancia del trabajo diario y la constancia . “Creo que en los últimos años se han perdido un poco esas ganas de trabajar y se valoran otras cosas”. No lo plantea como una crítica generacional , sino como una oportunidad para aportar todo lo aprendido durante su recorrido . Conoce a muchas de sus nuevas compañeras porque ha jugado contra ellas e incluso ha coincidido con alguna. “Son jugadoras con mucho talento . Creo que será una temporada muy bonita y tendremos que trabajar muchísimo , como todos los equipos ”. El reto será deportivo , pero también humano . Jessica quiere rendir , ayudar al club y demostrar que continúa preparada para competir en la élite italiana . Al mismo tiempo, pretende convertirse en la guía que ella encontró en otras jugadoras cuando apenas tenía 15 años . Japón y unas Olimpiadas que no desaparecen Después de una vida entera alrededor del voleibol , Rivero asegura que todavía conserva objetivos . “Los sueños no acaban nunca conmigo”. Ha recorrido buena parte de Europa , ha jugado en Estados Unidos y ha conocido competiciones muy diferentes , pero le queda una frontera pendiente : Asia . “Creo que quiero acabar mi carrera jugando allí”, confiesa. Su destino preferido sería Japón , tanto por el crecimiento de su liga como por la fascinación que siente por su cultura . “Mi máximo objetivo sería jugar en Japón . Quiero competir en una liga asiática , que es lo que me falta, y me encanta la cultura japonesa . Sería la unión de muchas cosas que quiero experimentar ”. No resulta extraño que imagine el tramo final de su carrera lejos de lo conocido. Toda su vida deportiva ha estado impulsada por la curiosidad , la necesidad de descubrir y la adrenalina de empezar de nuevo. Japón representaría un último gran viaje , una competición diferente y la posibilidad de cerrar el círculo haciendo otra vez aquello que comenzó con 13 años : preparar una maleta y avanzar hacia un lugar desconocido . El otro sueño es todavía mayor. “Unas Olimpiadas , evidentemente. Creo que es el sueño de todo deportista y muy pocos tienen el privilegio de llegar allí”. Rivero conoce la dificultad y no intenta disfrazarla. “A día de hoy no lo veo factible , pero se me quedará ahí”. Incluso al admitirlo, se resiste a cerrar completamente la puerta . “Ojalá en un futuro pueda vivir esa experiencia . No sé de qué manera, pero no lo descarto ”. Esa frase resume buena parte de su carácter . Jessica observa la realidad con lucidez , sabe que algunas oportunidades pueden alejarse y comprende que el tiempo deportivo no es infinito . Pero nunca pronuncia una renuncia absoluta . La niña que quería ser la mejor de España sigue apareciendo en la mujer que sueña con Japón y guarda unos Juegos Olímpicos en algún rincón de la memoria . Rivero volverá a hacer las maletas para comenzar una nueva temporada . Esta vez ya no será la adolescente que llega a un vestuario lleno de referentes , sino la veterana a la que otras jugadoras mirarán para aprender cómo se alcanza el máximo nivel , cómo se sobrevive a sus momentos más duros y cómo se conserva la pasión después de tantos años. En su camino ha habido títulos , países , lesiones , renuncias y una depresión que la obligó a pedir ayuda . También ha habido una voluntad constante de avanzar. “Lo que me sigue motivando es la pasión por estar en la pista , por conocer otras culturas y por demostrarme que todavía soy capaz ”. La maleta ha cambiado, los destinos son cada vez más lejanos y la jugadora acumula una experiencia que entonces no podía imaginar. Pero dentro de ella continúa viajando la misma niña de 13 años : la que se marchó de casa sin miedo , la que nunca se rindió y la que sigue mirando hacia delante ."

Jessica Rivero, en una imagen de archivo. Cedida por la jugadora
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