Los farmacéuticos especializados en cosmética coinciden: "No se recomienda la crema Nivea de bote azul como crema antiarrugas"
La clásica lata azul hidrata y protege, pero no actúa sobre el envejecimiento de la piel

Pocas cremas tienen un lugar tan fijo en los cuartos de baño como la de la lata azul de Nivea . Ha pasado de generación en generación y se usa para casi todo. Sin embargo, los expertos advierten de que no todo lo que se le atribuye es cierto, especialmente cuando se habla de arrugas.
Una crema que hidrata, pero no corrige
Los farmacéuticos especializados en dermocosmética coinciden en que la clásica Nivea Creme no está pensada como tratamiento antiedad . Su fórmula es muy rica y oclusiva: forma una película sobre la piel que retiene la humedad y la protege del frío y la sequedad.
Ese efecto hace que, durante unas horas , la piel parezca más jugosa y las pequeñas líneas de deshidratación se noten menos . Pero se trata de un resultado temporal y superficial. No actúa sobre los mecanismos del envejecimiento cutáneo, porque carece de activos específicos como los retinoides o la vitamina C.
El farmacéutico Vicente Calduch lo resume con total claridad: “No es un producto que aporte beneficios antiedad, antiarrugas, de elasticidad o firmeza”. Otros profesionales, como Roger Nebot , añaden que no responde a las necesidades de la piel a partir de los 40 o 50 años.
Para qué sí sirve la lata azul de Nivea
Eso no significa que haya que tirarla. Los especialistas la recomiendan para pieles secas o muy secas y para zonas ásperas o castigadas, como las manos, los codos, las rodillas o los talones, sobre todo en invierno. También puede usarse como hidratante después de tomar el sol, aunque no repara las quemaduras.
Lo que desaconsejan es convertirla en la crema facial de cada día, sobre todo en pieles grasas, por su textura densa.
Quien busque reducir las arrugas debe recurrir a productos con activos de eficacia probada y, sobre todo, al protector solar diario, la principal arma contra el envejecimiento de la piel . La lata azul , concluyen los farmacéuticos, puede seguir en el armario, pero como apoyo y no como tratamiento.




