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Bugatti Royale: 100 años del más maravilloso fracaso de Bugatti

Concebido en 1926 como el automóvil más rápido y lujoso, la gran obra maestra de Ettore Bugatti chocó contra el Crack del 29 y se convirtió en un fracaso comercial que terminó con solo seis unidades fabricadas

Carlos Espinosa684 palabras

Ettore Bugatti estaba obsesionado hace ya más de un siglo con la idea irrefrenable de construir el coche definitivo, una máquina que dejara obsoleta a cualquier otra creación de la época por velocidad, presencia y refinamiento . Aquel proyecto colosal fue un día realidad. Se presentó en 1926 con el nombre de Type 41 Royale y nació pensado para la realeza mundial . Sin embargo, el destino terminó dando pie a una paradoja histórica, ya que su producción coincidiría con el colapso financiero de la Gran Depresión y ninguno de los monarcas de la época llegó a adquirirlo.

Mucho antes de que su denominación oficial fuera dada a conocer, la prensa británica (siempre adelantada en cuestiones de automovilismo) ya se refería al imponente prototipo como "El Bugatti de Oro" , tras las primeras pruebas secretas que se llevaron a cabo en la primavera de 1926. Las razones para semejante apodo eran evidentes al contemplarlo en vivo: con más de seis metros de largo y una batalla de 4,3 metros , el Royale montaba bajo su gigantesco capó un motor de ocho cilindros en línea y 12,8 litros derivado de la aviación . Aquel bloque entregaba unos 300 CV , suficientes para lanzar sus tres toneladas y media a velocidades cercanas a los 200 km/h . Para hace un siglo, aquellas cifras parecían ciencia ficción.

Carrocerías personalizadas

Como era habitual en aquella época entre muchos fabricantes, Ettore concibió el Royale para que fuera vestido por los más prestigiosos carroceros . Es decir, él entregaba el chasis con ruedas, motor y elementos principales (calandra, faros, frenos, instrumentación...) y el carrocero esculpía las formas de acuerdo a los gustos del cliente. Casas como Weymann, Kellner o Park Ward firmaron algunas de las siluetas de estos Royale.

Entre ellas sobresalió el Coupé Napoléon , rediseñado por el joven Jean Bugatti tras un accidente de la primera carrocería. Jean creó un habitáculo trasero bañado por la luz gracias a su techo acristalado , dejando el puesto del chófer al aire libre; una obra maestra de proporciones que el propio Ettore Bugatti eligió como su automóvil de uso personal .

Cada unidad reflejaba el grado de exclusividad que exigían los compradores de la época. El industrial textil parisino Armand Esders , primer cliente del Royale, encargó un roadster diseñado por Jean Bugatti con una condición bastante particular: como solo pensaba conducirlo durante el día, solicitó que se prescindiera por completo de los faros delanteros , cosa que hoy día sería impensable. Esa misma búsqueda de la excelencia técnica llevó a Ettore a colaborar con la firma Breguet para integrar en el centro del volante un reloj con la inscripción "Spécial pour Bugatti" , aunque no todos los Royale al final lo llevaron.

Aunque la crisis de los años treinta redujo drásticamente la demanda y limitó su producción a solo seis chasis , el fracaso comercial en su lanzamiento multiplicó su valor con el paso de las décadas hasta convertirlo en el objeto de deseo definitivo dentro del coleccionismo de máximo lujo. En noviembre de 1987 , la subasta del Royale con carrocería Kellner organizada por Christie’s en el Royal Albert Hall de Londres alcanzó el equivalente a 7,2 millones de euros (con la inflación acumulada, hoy serían más de 20 millones ), convirtiéndose en ese instante en el coche más caro jamás vendido en una subasta. Y en ese podio se mantuvo hasta que fue destronado años más tarde por el Ferrari 250 GTO y más tarde por el Mercedes SLR Uhlenhaut .

Con motivo del reciente Bugatti Festival celebrado en Molsheim, tres de los seis Royale originales han regresado a la sede histórica de la marca para conmemorar el centenario de su nacimiento. Presididos por el icónico elefante erguido que Rembrandt Bugatti esculpió para el tapón del radiador, el Coupé Napoléon, el Coupé de Ville de Binder y la limusina Park Ward han vuelto a mostrar las razones por las que este gigante de seis metros sigue siendo el espejo en el que se miran tanto el diseño como la ingeniería de los actuales superdeportivos de la marca francesa.

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