De Frutos devuelve la primavera a Vallecas
Goleada del Rayo en la primera fiesta de la temporada en casa

Primavera en otoño. ¿Y qué? En Vallecas las estaciones dependen de los estados de ánimo, no de la inclinación del eje de la Tierra . Después del exilio en Butarque, de la protesta ante el Athletic y de la tristísima tarde sin fondo que acabó en goleada del Elche, por fin el barrio explotó de alegría . En una semana en la que lo único bueno que nos dejó el fútbol fue la ayuda de los aficionados rayistas a las víctimas del accidente de trenes de Urda, el balón se lo supo recompensar.
El partido se calentó en menos de un minuto, lo que tardó el Celta en sacar su primer córner. El Rayo aceptó el reto y se tiró también con todo al área rival, pero con más ganas y mejor juego . Radu le hizo un paradón a Camello en el minuto 15 y los de Giráldez empezaron a pasar mucho tiempo en su propio campo. Un rato después Rueda se tiró con tanto entusiasmo a defender un pase que olía a gol que obligó a hacer una buena parada a su portero, que le miró con ojos traviesos con reproche.
No tardó mucho más en caer el primero. Álvaro encontró a Camello y el 10 metió un gran pase de caño para la carrera de De Frutos, que definió de primeras, con la zurda, pegadita al palo e imposible para Radu . Era el primer gol de la temporada en Vallecas, que lo celebró desbordándose como si acabara de quitar un tapón de la garganta.
El descanso le sirvió al Rayo para recargar ánimo y al Celta para dedicarse al reconcome, al "qué mal estamos", al "pero qué nos pasa". Y eso se notó nada más empezar el segundo tiempo . De Frutos hizo un jugadón rompiendo líneas, pero su disparo no fue del todo contundente y acabó en las manos de Radu. En el 55' no pasó lo mismo.
Ratiu, funambulista en zonas inesperadas, se tiró un sombrero de espaldas ante dos rivales en la frontal y asistió tras un truco digno de Zidane para De Frutos, que se acordó de la acción anterior y soltó un zapatazo que se coló casi por la escuadra de la portería del Celta.
El Celta se quedó pasmado y sin reacción, mientras Vallecas celebraba por fin. Y quedaba la guinda. Unai López cogió un balón lejísimos de la portería, se fue acercando a la frontal y, con el interior y buscando el palo con suavidad, batió a Radu con un golazo.
El Celta no tiró ni a puerta. Los de Giráldez parecen a veces este año de un celeste pálido, lejos del brillo de un juego que maravillaba en LaLiga . Y lo peor de estar en ese laberinto es que parece que no saben ni cómo se han metido ahí ni mucho menos cómo encontrar la salida.
En Vallecas, brotes verdes. Todavía no florece la alegría, pero al menos asoma. A ver si la siguen regando.






