Mourinho lo tiene muy claro
El entrenador portugués da con la tecla en el once, blinda su fórmula magistral y diseña un bloque que ya se recita de memoria

El Real Madrid de José Mourinho parece haber encontrado por fin esa velocidad de crucero tan ansiada desde el inicio de la campaña. Tras la exhibición de poderío táctico y físico mostrada en el Clásico del Camp Nou , el portugués ha decidido dar continuidad al núcleo duro de su plantilla. Las sensaciones en el vestuario son inmejorables, y la sensación general es que el equipo ha asimilado por fin los automatismos de presión y verticalidad que exige el cuerpo técnico.
Los jugadores entienden las cosas que para mí no son negociables, existe una buena empatía humana, jugadores-entrenador, mis ideas y sus calidades
La principal certeza que deja este tramo es que la parcela ofensiva no se toca. El tridente de ataque ha alcanzado una sintonía perfecta tras una facilidad pasmosa para generar peligro por los costados. Las bandas se han convertido en un puñal constante, combinando el desborde individual con un compromiso defensivo solidario en la recuperación tras pérdida que desarma a los sistemas defensivos contrarios. "Es una cosa que ahora tienen todos los jugadores, he visto a Kylian también hacer presión, gente muy comprometida, el equipo está creciendo, juega bien. Verdaderamente estoy feliz con este rendimiento, cuando jugadores ofensivos hacen sacrificios ayudan al equipo", explicó el portugués.
La gran explicación de este equilibrio, sin embargo, nace unos metros más atrás, donde Mourinho ha encontrado en Bernardo Silva al organizador ideal para su doble pivote . Olvidadas las bandas, el centrocampista se ha adueñado del pasillo central aportando un sentido de la orientación, una pausa y una resistencia a la presión que han transformado por completo la circulación de balón del equipo. Su sociedad con la medular aporta el orden y la claridad que tanto se extrañaban , traduciéndose de inmediato en un control del partido que había faltado al inicio de la temporada. Ahí, el cuadrado mágico de Mourinho ( Tchouaméni, Bernardo, Arda y Bellingham ) le dan sentido a todo.
Con las ideas del técnico plenamente asentadas y la sala de máquinas funcionando a pleno rendimient o, las variaciones en el once pasan a ser una cuestión meramente anecdótica... o dentro del plan de descansos establecidos. "100% no, pero estamos creciendo, menos de cuatro meses es poco, hemos ido creciendo progresivamente, yo entendiendo cosas que no entendía el primer día, los jugadores entienden mejor mi carácter como entrenador. Entienden las cosas que para mí no son negociables, existe una buena empatía humana, jugadores-entrenador, mis ideas y sus calidades... Estamos bien", asegura. Con estas piezas sobre el tablero, Mourinho encara los próximos compromisos con la firme intención de consolidar un once que ya empieza casi a recitarse de memoria.






