El niño huele a campeón
Andrea Kimi Antonelli vence el Gran Premio de Canadá y encadena su cuarto triunfo consecutivo en la Fórmula 1

Andrea Kimi Antonelli venció el Gran Premio de Canadá y ha asestado un brutal golpe al Mundial de Fórmula 1. Porque ya suma cuatro triunfos al hilo (todos los de su vida). Porque los cuatro tienen de todo, desde la 'suerte' de los campeones hasta un ritmo endiablado. Y fundamentalmente por una diferencia que ya alcanza los 43 puntos a su favor. George Russell sigue segundo del campeonato, pero el abandono tras el 'apagón' de su Mercedes le deja muy tocado. Queda mucho por competir, pero en la F1 el valor de un piloto vale lo que haces en tu última carrera.
Y con Antonelli no vale hacer trampas en el diagnóstico. Hay que decirlo claramente. Huele a campeón, huele a piloto histórico. Tiene el ritmo, la capacidad de mejorar en los fines de semana y ya ha entrado ese fuego dentro que recuerda a otros históricos del volante. Quizá el más cercano es Max Verstappen y este Kimi es un calco de la primera versión del neerlandés. Volcánico, sí. Quizá pasado de vueltas. Pero extraordinariamente bueno y que romperá a algo más grande si consigue coronarse.
Antonelli ganó en Canadá ejerciendo una presión terrible sobre Russell y viéndose beneficiado por la rotura de su compañero. "No me gusta ganar así", decía por la radio al cruzar la meta. Es modesto (y debe serlo para mantener un perfil bajo dentro del box de Mercedes) , pero la realidad es la de un piloto que ya compite a lo campeón. Sabe atacar, sabe protestar cuando debe y sabe lo que se necesita tener para vencer.
Y es sencillo comprenderlo. Tiene la capacidad de evolucionar en pista, se multiplica su habilidad bajo presión y ya ha roto a ganar como hacen los más grandes. Sin dejar nada a nadie, ampliando una diferencia que cada vez es mayor. Sí, es la joya de la F1 . Pero quizá ya sea la hora de afirmar que es el máximo favorito a ser campeón del mundo.
Alonso: magia, sí; coche, no
Fernando Alonso no llegó a cruzar el giro 30 de carrera. Unos giros antes tuvo que retirar el AMR26 tras un problema en su cockpit -con el asiento, en concreto-. Pero el asturiano demostró que su magia sigue intacta y que no depende del monoplaza que monte. Esa fue una constante vista desde el viernes. Lo terminó en un muro tras bloquear el tren delantero del AMR26, pero había colado al Aston Martin en un lugar que no merecía. En la clasificación también rindió. Y en carrera volvió a aparecer donde no tocaba.
En el Gran Premio, Alonso facturó una gran salida, se colocó 10º en los primeros giros y demostró que la intuición nunca desaparece del piloto de Oviedo . Pero el premio no existió y la carrera tuvo el desenlace que muchos podían imaginar: abandono. Lo mejor es que quizá no fuese un tema de fiabilidad y el coche ha evolucionado en medio de su inicio de curso delicado.
El Gran Premio de Canadá fue precioso por sus variantes, líos y problemas entre los actores principales. Pero también tuvo ese drama que se espera de las primeras citas con los nuevos reglamentos. Las roturas y los problemas existieron; y afectaron fundamentalmente a dos favoritos al título. George Russell y Lando Norris abandonaron por problemas mecánicos (batería y cambio, respectivamente) y su Mundial puede verse comprometido al salir del Gilles Villeneuve .
También esa sensación se vivió en la mejor fase de la carrera, la que marcó la batalla fastuosa entre Antonelli y Russell . Con planos en los neumáticos de los dos pilotos, sin espacios, intentos a la desesperada... y la rotura del británico como colofón desgraciado para sus intereses. Si esta es la tónica del Mundial es una grandísima noticia. Cuidado que nos podemos entretener.
Carlos Sainz sumó otros dos puntos con un coche colocado por las mejores estimaciones... como el 12º en la tabla. El madrileño, por discurso y su propia forma de ser, no es un piloto que tienda a exagerar en sus declaraciones, tampoco le gusta dar demasiada importancia a sus actuaciones pese a que sí lo merezcan. Pero en esta ocasión hay que ponerlo en valor: lo suyo es monumental. Y su trabajo sigue dando frutos que nadie puede imaginar.
Sainz pone al Williams en un lugar que no corresponde, rinde en contextos totalmente extremos y sabe rascar lo que otros pilotos no pueden. Es el claro líder de la estructura de Grove y es un piloto de equipo que pelee por el título mundial. Un noveno así vale más que muchos podios de varios de sus rivales.





