Agustín Tapia, el genio en evolución: del potrero a conquistar el mundo del pádel
El camino de un talento que pudo haberse dedicado al fútbol, que con ocho años ya ganaba torneos de pádel con su abuelo y que hoy deslumbra al planeta entero.

El periodismo deportivo muchas veces cae en la tentación de construir superhéroes inalcanzables. Sin embargo, la verdadera grandeza de Agustín Tapia radica, paradójicamente, en su asombrosa normalidad. Su historia no es la de un niño fabricado en un laboratorio para dominar el circuito mundial, sino la de un pibe de barrio que, casi sin buscarlo, se encontró con un don irrenunciable . Y lo más impactante de su llegada a la cima no son los títulos, sino la convicción generalizada de que el éxito no le corrió ni un centímetro el eje.
Cuando el calendario le da un respiro y Agustín aterriza en su Catamarca natal, la ciudad entera entra en estado de alerta. Para una tierra que respira deporte, tener al mejor jugador del planeta caminando por sus veredas es un acontecimiento constante.
"Hoy Agustín cuando viene a Catamarca no puede caminar por la calle, no puede ir al centro, no puede ir a jugar al fútbol a una cancha pública" , relata Dani Ferreyra, periodista local y testigo de su evolución desde que la pala (paleta, en Argentina) era más grande que él. Esa "Tapiamanía" lo empujó a construirse un búnker íntimo, un refugio para sortear el asedio. Pero la gente no solo idolatra al número uno; ama a ese chico que conserva la "forma de ser más bien introvertido, tímido, que no habla tanto".
Quienes compartieron sus primeros pasos confirman que esa esencia estaba sellada desde el primer día. Fede Chiostri , compañero suyo en la consagración en la etapa de Menores, esquiva las etiquetas fáciles para definirlo: "Es muy difícil definirlo en una sola palabra. Yo, a diferencia de los demás, creo que lo definiría con la palabra humildad . Porque obviamente, yo te podría haber dicho crack, distinto, el GOAT, la cabra... pero sigue siendo el mismo chico que yo conocí cuando tenía 14 años".
Esa doble condición de superdotado y terrenal dejó huella incluso cuando cruzó el charco. Miguel Lamperti , quien lo apadrinó en su salto a España y fue clave en su llegada a la marca NOX, lo resume a la perfección: " Él es un genio, con la humildad de un ser humano normal . Es una mezcla espectacular. Sigue con ese perfil de un chico humilde, muy gracioso cuando lo conocés, que valora mucho su tiempo libre para estar con la gente que quiere".
Pero para entender cómo ese chico tranquilo se convirtió en un depredador competitivo, hay que viajar en el tiempo . La leyenda cuenta que, siendo apenas un ninño de 7 años, ya se metía a la cancha a jugar contra gente mucho más grande y les terminaba ganando. Su debut formal fue a los 9 años y su compañero no fue otro que su abuelo. "Con Tito jugó principiantes... era muy muy chiquito, lo hizo como para iniciar, para comenzar y ya en ese momento deslumbraba", recuerda Ferreyra.
Lo anecdótico y genial de esa historia es que no solo participaron para que el chico se divirtiera, sino que terminaron consagrándose campeones de ese primer torneo. En aquel entonces, su físico menudo era un blanco fácil. Los rivales lo sacaban del partido por arriba, y Agustín sobrevivía jugando de drive, sostenido por una solidez inquebrantable, globos milimétricos y mucho atrevimiento.
Técnicamente estaba en formación, pero la magia ya venía de fábrica . "Tal vez técnicamente no era perfecto pegándole a la pelota, pero él ya hacía cosas como distintas", apunta Lamperti, recordando aquellos primeros peloteos en España. "Para mí lo que más le costaba eran los dos golpes más naturales y más importantes en el pádel, que era la derecha y el revés sin pared. Más que nada el revés. Y hoy en día su derecha es sin duda uno de los golpes que más difícil es para los rivales porque nadie lo puede leer".
Lo que no tenía en físico ni en técnica pulida, le sobraba en la cabeza. En un deporte donde el factor psicológico devora a la mayoría, el pequeño Agustín era un témpano . "Me impresionaba la templanza, esa cuestión de manejar los nervios que creo que la mayoría de los que jugamos al padel amateur te das cuenta que tenés miedo (...) bueno a él no se le notaba y en ese momento tenía 10, 11 años", detalla Ferreyra. Esa calma convivía con un hambre voraz, llegando a disputar torneos simultáneos en distintos clubes y obligando a hacer malabares con los horarios de las finales un mismo domingo.
Si bien hubo una etapa dubitativa entre los 12 y 13 años, donde su "muy buen pie" casi lo inclina definitivamente hacia el fútbol , la pala terminó imponiéndose. Pero el camino fue cuesta arriba. Construir una carrera implicaba recorrer más de 1000 kilómetros a base de sacrificios familiares. Cada viaje para competir significaba vender talonarios enteros de rifas entre los vecinos para poder costearle los pasajes al centro del país. El respaldo de la Secretaría de Deportes catamarqueña, bajo la visión del fallecido Maxi Brumec, mantuvo vivo el fuego hasta que llegó el primer momento que lo cambió todo: el viaje a Mendoza en 2011, donde Matías Mercado les marcó a Darío y Verónica el rumbo hacia los selectivos de Menores de la APA.
Fue allí donde Tapia dejó de ser un talento local para convertirse en un mito a voces . "Yo iba a los torneos y los más conocidos eran Di Nenno, Stupaczuk, el Gato Tello, Elías Estrella...", relata Chiostri. "Pero sí, en mi categoría yo sabía que había un chico de mi edad del cual todos hablaban pero no lo conocía, que era obviamente Agustín".
Cuando finalmente lo vieron en acción, el circuito de Menores descubrió la impotencia que hoy sufre la élite mundial. "Todo, todo diferente tenía", confiesa Chiostri. " Vos ya sabías que jugabas contra alguien que cuando haga una marcha más te iba a ganar. O sea, que cuando se activaba un poquito te iba a ganar. A día de hoy yo sigo sintiendo lo mismo. P isa el acelerador, va y te pasa por arriba. Juega a otra cosa".
Sin embargo, para reinar en el pádel moderno, la muñeca no era suficiente. El paso final del Mozart, y el segundo momento bisagra de su carrera, fue su mutación al profesionalismo total. "Agus hizo un cambio mental y físico muy importante" , observa Lamperti sobre su llegada a Europa. "Sabiendo que con la paleta él ya hacía cosas tal vez diferentes a los demás, el complemento del físico y la mentalidad lo llegaron a hacer lo que hoy en día es . Empezó ahí con Marcelo Jardim y se veía que su físico empezaba a cambiar y su pádel crecía semana a semana".
Esa evolución silenciosa, cimentada en el trabajo y lejos de cualquier arrogancia, lo llevó a un terreno histórico . "Creo que no existe en la historia de nuestro deporte que alguien juegue con tres ex número uno del mundo a la edad que lo hizo", sentencia Chiostri, en referencia a las etapas junto a Juan Martín Díaz, Fernando Belasteguín y Pablo Lima. Agustín no forzó su ascenso; el trono decantó por su propio peso. Y como bien resume Ferreyra para coronar la historia del pibe de Catamarca: "Yo creo que Agustín ya era número uno del mundo antes de serlo en cuanto a los números".
Los siguientes pasos son conocidos. Juan Martín Díaz le echó el ojo, Belasteguín lo fogueó con sus primeros títulos, Lima colaboró en el ensamble y Sanyo Gutiérrez lo dejó "a punto caramelo" para darle paso al dominio de los Golden Boys. Y vaya uno a saber qué más queda por delante...





