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Carolina Marín, la estrella que derribó a todo un imperio

Recibe el MARCA Leyenda tras acabar con el dominio asiático del bádminton y coronarse campeona olímpica, tricampeona mundial y siete veces de Europa

Almudena Rivera564 palabras

El 12 de abril de 2009, el nombre de Carolina Marín aparecía por primera vez en las páginas de MARCA . Era un breve sobre una joven andaluza, de 15 años, que se había clasificado para la final del Europeo sub 19 . Un hito para el bádminton español, decía el texto. Al día siguiente ganó aquella final y ese oro fue el primero de los muchos éxitos de la onubense, que con los años acabaría convirtiéndose en campeona olímpica en Río 2016, tricampeona mundial y siete veces campeona europea.

En realidad su historia empieza a escribirse cuando, con ocho años , cambió los volantes del traje de flamenca por los del bádminton. Desde pequeña ya mostró mucho carácter y determinación. Su madre la llamaba la McEnroe del bádminton porque rompía más de una raqueta tras las derrotas . Era, y sigue siendo, tan competitiva que no le gustaba ni perder a las cartas con su abuela Carolina , de la que heredó su carácter luchador.

Ella suele recordar que al principio “era muy mala”, pero quienes la vieron jugar en sus inicios destacan que ya ganaba a los mayores. Llegó al Centro de Alto Rendimiento de Madrid con 14 años acompañada de sus padres. El viaje de regreso de Toñi y Gonzalo a Huelva fue entre lágrimas.

Cuando Fernando Rivas le preguntó los primeros días en Madrid hasta dónde quería llegar, ella no dudó en responder que quería ser campeona de todo (olímpica, mundial y europea) y número 1. No le asustaba que ningún deportista español no lo hubiese logrado antes. Ya entonces mostró una determinación, valentía y ambición que marcaban la diferencia.

Junto a un equipo de trabajo liderado por Rivas comenzó a construir el sueño. Creando, innovando, nunca copiando. Él estableció su propio método y ella lo ejecutó con maestría para derribar el muro asiático. El bádminton llevaba años dominado con mano de hierro por jugadoras orientales. Junto a Pablo del Río, su primer psicólogo, acuñó su ya famoso lema: “Puedo porque pienso que puedo”. Y con su ejemplo demostró que no había imposibles.

Trabajar sin límites para conquistar el mundo

Trabajó sin descanso, entrenó hasta poner su cuerpo y su mente al límite , y llegaron las primeras conquistas en 2014 con el primero de sus siete títulos europeos –ocho contando con el oro en los Juegos Europeos de 2023– y el primero, también, de los tres oros mundiales . Ninguna mujer lo había logrado antes. Tampoco ninguna jugadora no asiática había sido campeona olímpica hasta que ella se coronó en Río 2016.

La niña de Huelva acabó transformándose en una “loba” que en cuanto agarraba su presa no la soltaba. Sólo las tres graves lesiones en ambas rodillas –la segunda la dejó fuera de Tokio 2020– consiguieron frenarla.

En la semifinal olímpica de París 2024 se rompió la derecha por segunda vez cuando ya tenía el billete a la final casi en el bolsillo. Sus lágrimas fueron las de toda España . Carolina se quedó sin medalla, pero se ganó el cariño de todos para siempre. Poco después recibió el Princesa de Asturias de los Deportes 2024 . Y este año ha recibido la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo , la máxima condecoración que concede el Gobierno. Desde hoy también forma parte de la nómina de estrellas en la galería de los MARCA Leyenda .

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