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En 2025, un terremoto sacudió Estambul: la falla que se escondía debajo lleva 260 años sin romperse y los sismólogos advierten de que puede ser la próxima

Los seísmos moderados avanzan hacia un tramo bloqueado junto a 18 millones de personas

Neus Pachon345 palabras

Bajo el mar de Mármara , un tramo de la falla del Norte de Anatolia lleva siglos bloqueado y acumulando tensión tectónica junto a Estambul , una urbe de unos 18 millones de habitantes.

Tras el terremoto de magnitud 6,2 de abril de 2025, los sismólogos han detectado un patrón inquietante: los seísmos moderados se desplazan progresivamente hacia ese segmento. El hallazgo no implica que una catástrofe sea inminente ni permite saber cuándo ocurrirá, pero explica por qué la zona preocupa tanto.

Terremotos cada vez más cerca

La Falla Principal de Mármara es el único gran tramo de este límite de placas que no ha registrado un seísmo superior a magnitud 7 desde 1766. Los registros históricos de más de 2.000 años apuntan a un intervalo medio de unos 250 años entre grandes terremotos en la región, un plazo ya superado, aunque es un promedio, no un calendario.

Un estudio publicado en Science y dirigido por Patricia Martínez-Garzón, del Centro Helmholtz de Geociencias (GFZ) de Potsdam, analizó casi dos décadas de datos sísmicos. Los investigadores observaron que, durante unos 15 años, los terremotos de magnitud superior a 5 han avanzado hacia el este a lo largo de la falla, acercándose al segmento bloqueado de las islas Príncipe, frente a la costa sur de la ciudad y capaz de generar un sismo de magnitud cercana a 7.

Vigilar en lugar de predecir

Marco Bohnhoff, coautor del trabajo, sitúa la zona al oeste o justo bajo ese segmento entre los lugares más probables para el próximo terremoto importante, que podría alcanzar magnitud 6 y, en algunos escenarios, desencadenar uno mayor. El seísmo de 2025 propagó sus ondas más energéticas hacia el este, un efecto que, de repetirse, intensificaría las sacudidas en dirección a Estambul.

Los científicos reclaman reforzar la vigilancia sísmica en tiempo real, con más estaciones en tierra y bajo el mar, sensores de fibra óptica y sismómetros oceánicos. Estos sistemas no anticipan la fecha de un terremoto, pero ganan segundos valiosos para alertar a la población. La prioridad, insisten, es preparar y reforzar los edificios.

Turquía se enfrenta a un riesgo sísmico extremadamente alto GEBCO 2014.
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