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La chocolatina que se derritió junto a un radar: la historia del nacimiento del microondas

Descubrió por accidente que las microondas podrían calentar alimentos mientras trabajaba durante la Segunda Guerra Mundial

Alfonso Pareja317 palabras

D urante la Segunda Guerra Mundial, el radar se convirtió en una tecnología decisiva para detectar aviones y submarinos enemigos. Detrás de aquellos sistemas había un componente fundamental: el magnetrón , un dispositivo capaz de generar microondas. En uno de los laboratorios de la empresa estadounidense Raytheon trabajaba entonces Percy Spencer, un ingeniero autodidacta que acabaría encontrando una aplicación inesperada para esa tecnología.

En 1945, mientras realizaba pruebas cerca de un magnetrón en funcionamiento, Spencer notó que la chocolatina que llevaba en el bolsillo se había derretido.

De las palomitas al primer horno

Su siguiente experimento fue con granos de maíz. Los colocó cerca del dispositivo y observó cómo empezaban a estallar hasta convertirse en palomitas . Después probó con un huevo, que terminó explotando por la presión acumulada en su interior. Aquellas pruebas le dieron una pista: la energía emitida por el magnetrón podría también utilizarse para cocinar.

Spencer ideó entonces una caja metálica en la que concentrar el microondas y calentar los alimentos de forma controlada. Raytheon vio el potencial de la idea y presentó una solicitud de patente para un procedimiento de cocción mediante microondas en octubre de 1945 . La patente fue concedida en 1950.

El primer modelo comercial, bautizado como Radarange, llegó al mercado en 1947 . Sin embargo, estaba muy lejos de los aparatos domésticos actuales : medía alrededor de 1,8 metros, pesaba cientos de kilos y tenía un precio elevado. Su tamaño y coste limitaron su uso inicial a restaurantes, cocinas industriales y otros espacios profesionales.

La tecnología necesitó décadas de mejoras para llegar a los hogares. Los modelos se hicieron más pequeños y asequibles, hasta convertir aquel hallazgo accidental en un electrodoméstico habitua l. Spencer, que acumuló más de un centenar de patentes durante su carrera, no partió de un proyecto para revolucionar las cocinas: simplemente prestó atención a una chocolatina derretida y quiso averiguar por qué había ocurrido.

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