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Cinco fallos de construcción que hacen que una casa pase frío aunque la calefacción esté encendida

Más de uno de cada cuatro hogares españoles no alcanza una temperatura suficientemente cálida durante los meses fríos

Javier Fernández Borrell795 palabras

Con la llegada del frío, muchas viviendas repiten la misma escena: la calefacción encendida, una manta sobre las piernas y una corriente de aire cuya procedencia resulta difícil de identificar. Sin embargo, el problema no siempre está en la temperatura del termostato, sino en las características constructivas del inmueble, que pueden favorecer la pérdida de calor y dificultar que las estancias mantengan una temperatura confortable.

Según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre vivienda y eficiencia energética citada en la nota de prensa, el 27,5% de los hogares no dispone de una temperatura suficientemente cálida durante los meses fríos. Una situación que, en muchos casos, está relacionada con deficiencias en el aislamiento y en la envolvente del edificio.

Desde Freehand Arquitectura, estudio especializado en viviendas de diseño bajo el estándar Passivhaus, señalan cinco problemas constructivos que pueden explicar por qué una casa sigue siendo fría incluso con la calefacción en funcionamiento.

Las paredes, las ventanas y las rendijas por las que se escapa el calor

Uno de los principales motivos es la falta de aislamiento en fachadas y cubiertas. En España, la eficiencia energética no se incorporó como una exigencia generalizada en la normativa de edificación hasta la aprobación del Código Técnico de la Edificación en 2006, aunque ya existían disposiciones anteriores sobre condiciones térmicas. En las casas mal aisladas, las superficies interiores de muros y techos permanecen frías, lo que influye directamente en la sensación térmica. No basta con que el aire alcance los 21 grados: si las paredes están frías, la vivienda puede seguir resultando incómoda. Por eso, aumentar la calefacción no siempre consigue eliminar la sensación de frío.

Las ventanas también pueden convertirse en un punto débil de la vivienda. Los vidrios simples, los marcos metálicos sin rotura de puente térmico y los cajones de persiana huecos o sin aislar favorecen las pérdidas de calor y pueden facilitar la entrada de aire frío. Además, la calidad de los materiales no es suficiente si la instalación presenta deficiencias: una ventana eficiente, mal colocada, puede permitir que el frío entre por las juntas y por el encuentro entre la carpintería y el muro. Los cristales empañados y las corrientes de aire cerca de las ventanas o las persianas son algunas de las señales que pueden alertar de estos problemas.

Otro factor que influye en el confort térmico son los puentes térmicos, que aparecen en puntos donde el aislamiento se interrumpe o pierde eficacia. Es el caso de pilares, frentes de forjado y balcones que atraviesan la fachada y crean vías por las que el calor se escapa con mayor facilidad. Estas zonas también pueden enfriarse lo suficiente como para que la humedad del aire se condense sobre su superficie. El resultado son las manchas de humedad y moho que aparecen con frecuencia en esquinas, techos o detrás de los muebles. Para evitarlo, es necesario mantener la continuidad del aislamiento en toda la envolvente del edificio, un principio que contempla el estándar Passivhaus.

Las filtraciones de aire a través de pequeñas rendijas constituyen otro de los problemas habituales. Las corrientes no siempre proceden de una ventana abierta o mal cerrada: también pueden entrar por las juntas de las carpinterías, las cajas de los enchufes, los pasos de las instalaciones y otros encuentros constructivos deficientes. Estas pequeñas fugas permiten que el aire frío entre y que el caliente escape, lo que obliga a la calefacción a trabajar más para mantener la temperatura deseada. En ocasiones, la corriente se percibe a ras del suelo aunque todas las ventanas estén cerradas. En las viviendas construidas bajo el estándar Passivhaus, la hermeticidad se comprueba mediante un ensayo específico en el edificio terminado para localizar y reducir las infiltraciones.

La ventilación, clave para conservar el calor sin renunciar al aire limpio

Por último, una ventilación inadecuada puede contribuir a la pérdida de calor. En las casas que dependen de abrir las ventanas o de la entrada de aire por rendijas y rejillas, cada renovación puede provocar una pérdida energética. Sin embargo, sellar las filtraciones sin garantizar una ventilación adecuada tampoco es una solución, ya que la falta de renovación del aire puede favorecer la acumulación de humedad y contaminantes en el interior.

Para resolver este problema, el estándar Passivhaus combina una envolvente hermética con un sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor. Este sistema renueva el aire de forma continua y aprovecha parte del calor del aire que sale para templar el que entra, reduciendo así las pérdidas energéticas.

En definitiva, una vivienda fría no siempre necesita más calefacción, sino identificar por dónde pierde energía. Un aislamiento continuo, unas ventanas bien instaladas, la eliminación de los puentes térmicos, una buena hermeticidad y una ventilación eficiente son factores clave para mejorar el confort térmico durante el invierno.

La casa fría: cinco fallos de construcción que la calefacción no arregla. GLOBE COMUNICACIÓN
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