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Irina, abandonó a su familia y vive aislada en las montañas en una aldea de León desde los 15 años: "Para mí, tener agua corriente es un lujo"

Su nueva forma de vida le ha abierto un mundo de oportunidades en ese sentido

Ramón Garcia Parrilla378 palabras

La ciudad puede convertirse en un lugar que genere agobio y estrés. La cantidad de gente, las prisas con las que se vive en muchas ocasiones, el tráfico y el ruid o son algunos de los factores que pueden aumentar los niveles de cortisol y afectar al bienestar. Por eso, hay personas que optan por alejarse de los grandes núcleos urbanos y buscar una forma de vida más tranquila, incluso en lugares completamente aislados.

Es el caso de Irina, que vive alejada de la sociedad desde los 15 años, cuando decidió dejar atrás a su familia y comenzar una vida lejos de su entorno habitual. Se marchó siendo apenas una adolescente y acabó instalándose en una pequeña aldea situada en las montañas de León . Su historia, sin embargo, va más allá de una simple decisión de vivir en contacto con la naturaleza: detrás de ella hay un recorrido personal especialmente difícil.

La pequeña aldea en la que vive

La historia de Irina se ha conocido gracias a Gastón Marotta, creador de contenidos especializado en explorar lugares abandonados y pueblos prácticamente deshabitados. El youtuber se desplazó hasta la zona para conocerla y mostrar cómo es su día a día a través de su canal de YouTube.

La aldea en la que vive estuvo prácticamente desierta durante la década de los sesenta. Sin embargo, unos veinte años después recuperó parte de su actividad gracias a la llegada de un grupo de jóvenes que decidió instalarse allí. Con el paso del tiempo, el pequeño núcleo volvió a tener habitantes y, en la actualidad, varias decenas de personas continúan dando vida a este rincón de las montañas españolas.

La ubicación, no obstante, también plantea dificultades. Conseguir productos de primera necesidad o transportar materiales no resulta sencillo debido a los complicados accesos por carretera. Para resolver parte de estos problemas, los habitantes cuentan con un teleférico artesanal que les permite trasladar la compra, la leña y los materiales necesarios para realizar obras y mantener las viviendas.

Este sistema se ha convertido en una herramienta indispensable para la vida cotidiana de quienes residen en la aldea. Su aislamiento forma parte de su identidad, pero también obliga a sus habitantes a buscar soluciones para cubrir necesidades que en otros lugares resultan mucho más sencillas.

Captura de pantalla del video de Gaston Marotta en YouTube
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