El vagabundo que lleva tres años y medio viviendo sin dinero en la puerta de una mansión de Londres valorada en 250 millones de euros: por qué los vecinos le dejan quedarse
El ciudadano se llama Anders Fernstedt

Hay historias muy curiosas a lo largo de todo el mundo, y un ejemplo es la de Anders Fernstedt , un ciudadano sueco de 65 años que vive desde hace más de tres años y medio en el porche de una mega-mansión abandonada en el exclusivo barrio de Knightsbridge (Londres) . Su situación combina un limbo legal multimillonario con una ingeniosa estrategia de convivencia comunitaria.
El refugio de Fernstedt es el número 2-8A de Rutland Gate, una imponente residencia de 45 habitaciones, piscina interior propia y 116 ventanas. En 2020, la propiedad se vendió por una cifra récord de 210 millones de libras (unos 244 millones de euros) a Hui Ka Yan , el fundador de la colapsada promotora china Evergrande .
Tras la quiebra de la compañía y los problemas legales del magnate, los activos fueron congelados. Actualmente, la casa está a nombre de su exesposa y los administradores concursales no pueden liquidarla , por lo que permanece totalmente vacía, descuidada y atrapada en una maraña judicial.
¿Por qué los vecinos le permiten quedarse?
En lugar de generar rechazo en una de las zonas más ricas del mundo, Anders se ha convertido en una figura querida y respetada en el vecindario debido a un plan muy bien pensado. Sabedor de que el vecindario sabría rápidamente de su presencia, se ganó a los hijos y nietos de los residentes decorando el porche con plantas, libros y osos de peluche .
“Si los niños me apoyan en la mesa de la cocina, mis posibilidades mejoran” , afirma. Asimismo, mantiene el espacio limpio y no genera altercados. Al no estar invadiendo el interior de la casa y debido al limbo de sus propietarios, técnicamente no está violando ninguna ley de allanamiento directo que agilice su desahucio.
Por otro lado, varias cafeterías, panaderías y floristerías de la zona le suministran alimentos, flores para decorar y electricidad para cargar sus baterías portátiles (con las que descarga libros para leer). Finalmente, acude regularmente a la ONG The Passage en el cercano barrio de Victoria para ducharse, recibir ropa limpia y mantener interacciones sociales.







